La mujer más tacaña de la historia
Una persona tacaña se define
como alguien que valora en exceso el dinero, o
que es sumamente apegado al mismo, y tiene un interés en gastar lo menos
posible. No es absurdo afirmar que la tacañería ha existido por muchísimos
años, sin embargo, hay personas que lo convierten en su forma de vida. El día
de hoy conoceremos a la mujer más tacaña de la historia.
Hetty Green o mejor conocida
como la “Bruja de Wall Street”, tiene el mérito de ser una de las primeras
mujeres de negocios, marcando precedente entre sus pares masculinos debido a su
gran éxito y su rápida acumulación de dinero, llegando a ser la mujer más rica
de su época. A pesar de su notable éxito, es mayormente conocida por su gran
tacañería, teniendo como resultado el dudoso título como la mujer más avara de
su época en el Libro de Record Guiness.
Hetty nació en Estados Unidos el 21 de noviembre de 1834,
proveniente de una familia acaudala de Massachusetts, su padre era un consumado
hombre de negocios, cuyos conocimientos aprovecho Hetty en su infancia, siendo
destacable que desde muy pequeña ya leía periódicos sobre economía y a la edad
de catorce años ya llevaba las riendas y cuentas de su hogar debido a su gran
habilidad con los números.
Al morir sus
padres, Hetty a los treinta años hereda su cuantiosa fortuna valorada en cinco
millones de dólares, debido a la muerte prematura de su hermano. No conforme
con su herencia, inicia rápidas y muy efectivas inversiones en el área de
bienes raíces, ferrocarriles y bonos de la Guerra Civil, duplicando su herencia
en muy poco tiempo.
A la edad de
33 años se casa con Edward Green, miembro de una próspera familia de Vermont el
11 de julio de 1867, de su unión nacieron sus hijos Edward Howland y Harriet
Sylvia. Inéditamente lo convence de firmar un acuerdo pre-nupcial en donde él
renuncia al dinero de ella. Luego de años viviendo en Manhattan y Londres,
regresan a la ciudad natal de su esposo en donde se establecieron finalmente. Durante años,
Edward inicia negocios con resultados catastróficos, dando como resultado la
ruina de la familia y las posteriores dificultades económicas.
Probablemente en esa época inicia los esfuerzos de
Hetty por ahorrar convirtiéndose posteriormente en la obsesión de su vida. Al
descubrir que gran parte de la crisis económica era por resultados de torpes
inversiones de su esposo, Hetty decide divorciarse.
Luego de su divorcio, Hetty se encarga de la
crianza de sus hijos, hospedándose en hoteles de mala muerte para ahorrarse los
impuestos. Usaba los vestidos de su juventud y nunca renovó su guardarropa,
solía utilizar un mismo vestido y solo lo lavaba en los bordes que tenían
contacto con el piso para ahorrar en jabón. Solía comer avena o lo más barato
que conseguía, nunca gastaba en periódicos y solo leía las noticias en prensas
viejas que conseguía en la calle.
La tacañería de Hetty llegaría al colmo de lo
absurdo al llevar a su hijo a un hospital gratuito para los pobres luego de una
lesión, pero para desgracia de Edward hijo, el médico que lo atendía los
reconoció e insistió en cobrar la consulta, Hetty se negó categóricamente y
ella mismo trato la herida de su hijo, con el triste resultado de una infección
y la posterior perdida del miembro.
A pesar de su estilo de vida y de las burlas que
ocasionaba, Hetty era una maestra en el arte de hacer dinero, pero mientras más
acumulaba se hacía más y más tacaña.
Al envejecer sufrió de varios problemas de salud,
resaltando una hernia que no le permitía caminar, sin embargo, siempre se negó
a pagar la cirugía.
Al empeorar su situación de salud, su hijo contrato
a enfermeras que eran obligadas a vestir de forma casual para evitar una
confrontación con su madre, que seguro se negaría en pagar sus servicios.
Finalmente, Hetty moriría a los 81 años de una
apoplejía como resultado de una discusión por la leche. Nadie creería que esa
mujer desnutrida, con harapos por ropa y al borde de la indigencia era la mujer
más rica del mundo.
Su basta fortuna valorada en 200 millones de
dólares (con la inflación actual sería unos 3.000 mil millones de dólares) fue
heredada por sus hijos.
Edward se encargaría de dilapidar su dinero en
joyas, casas, y demás extravagancias.
¿Su hija? Al morir donó todo su patrimonio a la
caridad.
Hetty Green siempre será recordada como una de las
grandes millonarias de la historia, pero también como la mujer más tacaña de su
época.
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